“Estamos bien en el refugio los 33”. Esa maravillosa frase sirvió para levantar el espíritu de todo un país y para darle nuevos bríos a las labores de rescate de los 33 mineros atrapados en la mina San José.
Sin embargo, hubiera esperado no tener que saber nunca de esa frase. Porque si la seguridad minera con que operan faenas en nuestro país se hubiese respetado, esos 33 trabajadores no estarían atrapados a 700 metros de profundidad.
La reglamentación relacionada con la seguridad minera establece una serie de normas respecto de la protección tanto de la vida y salud de los trabajadores como de los trabajos mineros, las maquinarias, las herramientas y todo cuanto interviene en las faenas mineras.
En general, la normativa -aglutinada en el Reglamento de Seguridad Minera (2002)- contiene reglas adecuadas, cuyo énfasis está puesto en los asuntos relacionados con mayor accidentabilidad.
Entonces, uno se preguntará ¿por qué los 33 trabajadores de la mina San José ¡sufrieron este accidente y llevan tanto tiempo atrapados? Pues bien, aquí no hay fundamentalmente un problema de normativa vigente, sino de fiscalización para
que dichas normas se cumplan.
Es cierto que aún está pendiente un correcto procedimiento para el cierre total o parcial de faenas mineras, así como también para la apertura. Pero la aplicación y fiscalización de la reglamentación de seguridad minera corresponde al Servicio Nacional de Geología y Minería (Sernageomin). Y es ahí donde hemos podido detectar las mayores falencias.
Es que el aislamiento e incomunicación en que quedaron los trabajadores -y probablemente hasta el propio derrumbe- pudo haberse evitado de no mediar una falta severa a la ética de la responsabilidad empresarial, por una parte, y una falta de control y fiscalización, por otra.
Por eso, la principal tarea que nos deja este lamentable accidente es la necesidad de realizar una completa revisión de Sernageomin, verificar su estructura y atribuciones, los recursos con que cuenta y la forma en que desempeña su labor.
El recientemente destituido director nacional del servicio, Alejandro Vio, confesó que no tuvo conocimiento de la reapertura de la mina -en mayo de 2008- sino ¡hasta el día del accidente!
No pretendo exculpar a los propietarios de la mina, pues fueron ellos quienes no tomaron las medidas que en decenas de ocasiones se les exigieron para velar por la seguridad de sus trabajadores. La responsabilidad empresarial en faenas ¡mineras es requisito indispensable para evitar la mayoría de los accidentes, pero es Sernageomin el encargado de velar por que ello se cumpla y, a la luz de los acontecimientos, no ha tenido la fuerza necesaria para ejercer esta labor.